En casi todo los países y regiones del mundo donde ha aparecido la variante delta, sobrevinieron unos tsunamis de contagios por covid-19. En América del Sur, en cambio, eso no ha ocurrido. "Estamos perplejos", declaró días atrás un médico estadounidense, Christopher Murray, doctor y economista de la salud que dirige el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington, en Seattle.
Pese a su perplejidad, Murray y otros colegas suyos citados por el diario "The New York Times" miran hacia aquí y creen que una explicación posible podría ser la protección cruzada por la fuerte circulación previa de gamma u otras mutaciones regionales, como mu o lambda. También abonan otras hipótesis: la creciente cobertura de vacunación y las medidas de salud pública podrían haber enlentecido o limitado el impacto. Pero, ¿qué opinan los especialistas locales? ¿Por qué no explotó la cepa surgida en la India? ¿Podría potenciarse en octubre? ¿Este silencio implica la calma que antecede a una tormenta? ¿Se puede pensar que en esa competencia de variantes la delta enfrenta en la Argentina a demasiadas jugadoras, a diferencia de lo acontecido en otras latitudes?
"No tengo respuestas para muchas de esas preguntas. Hoy, solo tenemos teorías o especulaciones", contesta a LA GACETA el infectólogo Tomás Gonzalo. "Pero en general -aclara enseguida- coincido con la idea de que en América Latina hubo una circulación muy fuerte de variantes como gamma, lo que podría haber producido una inmunidad cruzada. En consecuencia, esto habría dificultado la penetración de delta".
Además de esa inmunidad cruzada, el médico entiende que muchas personas han sido vacunadas recientemente en nuestro país, lo que podría habernos favorecido, pues habría contribuido a ponerle un freno al linaje. Una tercera posibilidad es el hecho de que aquí se usaron diferentes tipos de vacunas, en comparación con lo efectuado entre los estadounidenses y los europeos, donde se recurrió principalmente a sueros de ARN mensajeros. "También los intervalos entre las dosis, a veces de más de ocho semanas, podrían haber generado una mejor respuesta. En vacunas como AstraZeneca se ha comprobado que al extender el tiempo entre el primer y segundo pinchazo mejora la eficacia", explica, en cuarta instancia. Pero desgraciadamente, tal vez sea solo una cuestión de tiempo. Y en breve tengamos una ola de delta, advierte.
- ¿Qué tiene que ver que no se hayan usado vacunas de ARNm? -se le repregunta.
- Quizás vacunas como Sinopharm, que son de virus enteros, generan una respuesta a otros antígenos del coronavirus, a diferencia de las ARNm y las adenovirales, que solamente provocan respuestas hacia la proteína S, que es la que se encuentra en la superficie como espiga y se une al receptor de las células humanas.
La lectura que hace la infectóloga Aída Torres también se basa en teorías, pues al igual que su colega plantea que el libreto de esta obra se va escribiendo con sus actores sobre el escenario. En tono catedrático, afirma que los brotes se caracterizan por empezar con un número bajo de casos hasta que luego se produce una explosión y, finalmente, una caída en las curvas. "No sabemos si esto ocurrirá o no en la Argentina. Tampoco sabemos las causas por las cuales se retrasa la circulación de delta, que era esperada en relación a lo que ha ocurrido en otras partes del mundo", apunta la directora médica del Centro de Estudios Infectológicos y Vacunación de Tucumán (Ceivac).
Según la base de datos OurWorldinData, la curva promedio de infecciones de América del Sur dio la vuelta el 29 de junio; desde ese día, cae sistemáticamente. Un año atrás, el escenario era exactamente contrario: la región era rehén de su primera y catastrófica oleada. "El curso que toma una pandemia es impredescible. Lo más frecuente es que, cuando comienzan a descender los contagios, descienden en todas sus variantes. Y poco a poco el virus se diluye hasta quedar como una enfermedad endémica. Así ha sucedido con la gripe", ejemplifica Torres.
"Sin dudas, las vacunas han puesto un freno importante. Esto demuestra que la vacunación es fundamental para controlar una pandemia de variantes víricas, al producir un descenso de los linajes. De todos, todavía no sabemos si habrá o no una explosión de delta. Por ello, necesitamos sí o sí que se apliquen las terceras dosis, al menos en la población de riesgo", acota. Estudios recientes sugieren que la inmunidad de las vacunas disminuye entre seis y nueve meses después de recibida la segunda dosis.
Lo cierto es que la variante delta -que es mucho más contagiosa que las previas, que es más resistente a la inmunidad adquirida con las vacunas, que posee una alta carga viral y que se ha vuelto predominante en decenas de países- no ha impactado todavía en la Argentina. Mientras en otras regiones los contagios se disparan o se han disparado hacia los niveles alcanzados en el pico de la pandemia, aquí la vida cotidiana aún fluye con cierta tranquilidad. "Es importante que el 70 % de la población esté vacunada con dos dosis de buenas vacunas, como Sputnik, AstraZeneca, Pfizer o Moderna", acota la infectóloga.
Mientras tanto, la cartera sanitaria local confirmó ayer que ya hay circulación comunitaria de delta, luego de que los cuatro casos detectados en la ciudad de Famaillá demostraran no tener nexo epidemiológico con ningún viajero. "Estábamos esperando que este tipo de situaciones vaya presentándose en cualquier momento", asegura Rogelio Calli, titular de la Dirección de Epidemiología del Siprosa.
Superaron el miedo y pusieron el brazo